Xibalbá: el inframundo maya

Concepto religioso | Revisado: 26/10/2015

El Xibalbá era para los mayas el inframundo, un mundo subterráneo regido por las divinidades de la enfermedad y la muerte.

Es conocido principalmente por la descripción existente el Popol Vuh ("Libro del Consejo" o "Libro de la Comunidad"), descubierto en época posterior a la conquista española en el siglo XVIII y traducido al latín por el fraile dominico Francisco Ximénez, donde explica cómo es y cual es el camino a seguir:

Después descendieron al camino que lleva a Xibalbá, de pendientes muy en declive. Habiendo descendido así, llegaron al borde de los ríos encantados de barrancos llamados Barranco Cantante Resonante, Barranco Cantante, que pasaron sobre ríos encantados con árboles espinosos; innumerables (eran) los árboles espinosos, pasaron sin hacerse daño . En seguida llegaron al borde del río de la Sangre , (y) allí pasaron sin beber. Llegaron a otro río, de agua solamente; no habiendo sido vencidos, lo pasaron también. Entonces llegaron allí donde cuatro caminos se cruzaban: allí fueron vencidos, allí donde cuatro caminos se cruzaban. Un camino rojo, un camino negro , un camino blanco, un camino amarillo; cuatro caminos.

De esta manera, el camino hacia Xibalbá se describe como un descenso por unas escaleras muy inclinadas que desembocan en la orilla de un río, el cual recorre barrancos y jícaros espinosos. A continuación hay otros ríos e incluso uno de sangre, para después abrirse un cruce de cuatro caminos: uno rojo, otro blanco, otro amarillo y otro negro. Este último es el que se dirige a Xibalbá, exactamente a la sala del consejo de los Señores de Xibalbá.

Los Señores eran quienes gobernaban este mundo subterráneo. Los dos principales era Hun-Camé (Uno-Muerte) y Vucum-Camé (Siete-Muerte). El resto de los señores era demonios que trabajaban de dos en dos, cada par encargado de un tipo específico de tormento humano: la enfermedad, el hambre, el miedo, la indigencia, el dolor y la muerte. Los demás moradores eran servidores hechizados por los demonios.

En cuanto a las pruebas que los Señores de Xibalbá hacían pasar, el Popol Vuh cuenta que eran muchos los lugares de tormento y los castigos de Xibalbá:

  • El primero era la Casa oscura, en cuyo interior sólo había tinieblas.
  • El segundo era la Casa del frío, donde un viento frío e insoportable soplaba en su interior.
  • El tercero era la Casa de los jaguares, donde los jaguares se revolvían, se amontonaban, gruñían y se mofaban.
  • El cuarto era la Casa de los murciélagos, donde no había más que murciélagos que chillaban, gritaban y revoloteaban en la casa.
  • El quinto se llamaba la Casa de los cuchillos, dentro de la cual sólo había navajas cortantes y afiladas.

En otra parte del Popol Vuh dice que hay una sexta casa llamada la Casa del calor, donde sólo habían brasas y llamas. Además de las casas, se habla de una cancha de juego de pelota, jardines y edificios sagrados.

Esta detallada descripción ha llevado a los investigadores a pensar que quizá exista una caverna que los mayas identificaban con la entrada al Xibalbá, es decir, una puerta al inframundo.



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