Lago Curcio: el misterioso agujero del Foro romano

Revisado: 26/12/2015 | 0/0

En el Foro romano, la zona de la ciudad en la que antiguamente se congregaban las actividades comerciales, religiosas o políticas, existía un agujero conocido como lacus Curtius, o lago Curcio, del que se decía que no tenía fin. El nombre podría estar relacionado con la conocida Gens Curtia, una importante y antigua familia romana de origen sabino, uno de los pueblos que ya habitaban Italia antes del nacimiento de Roma.

Lacus Curtius (2009)
Lacus Curtius (2009)

Existen sin embargo diversas leyendas sobre lo que era esta especie de pozo sin fondo, que van desde los primeros años de Roma en el siglo VIII ANE hasta los últimos años de la República romana el siglo III NE.

Algunos investigadores apuntan a que el nombre se debería realmente a un jinete, también sabino, llamado Curcio, que participó en la guerra entre Tacio y Rómulo sobre el siglo VIII ANE, y que se quedó atrapado en unos pantanos que había alrededor del Foro, por lo que tuvo que abandonar a su caballo y dejar que se hundiera.

Otro autor llamado Varrón (amigo de Cicerón) dejó una leyenda distinta que atribuye el nombre del lugar al cónsul Cayo Curcio, quien en el año 445 ANE murió por el impacto de un relámpago.

La leyenda más extendida, transmitida por diversos autores como Tito Livio, cuenta que ya en la época de la República:

...se había abierto en el Foro un abismo insondable, cada vez mayor, y ante la imposibilidad de poder cerrarlo echándole tierra, los romanos consultaron al oráculo. Este respondió que los ciudadanos debían entregar aquello de más valor para la República. Un joven, M. Curcio, entendió que lo más valioso en Roma era la fuerza de la juventud, así que se arrojó al abismo, montado a caballo y totalmente armado. Fue entonces cuando la tierra se cerró sobre él, salvando la ciudad.

No se sabe si la M pudiera ser de Mettius o quizá Marcus, ya que siempre aparece el nombre abreviado, aunque siempre se le menciona como miembro de la familia sabina Curtia. Resulta curioso que en otros textos del mismo Tito Livio, se cuenta que el agujero habría recibido su nombre de Mettius Curcio, jinete sabino que cayó en él en la guerra derivada del rapto de las sabinas, un episodio considerado como mitológico que describe el secuestro de mujeres de la tribu de los sabinos por los fundadores de Roma.

Siguiendo con los relatos legendarios, se cuenta que en las orillas del agujero nacieron tres árboles considerados por los romanos como símbolos de pureza: una higuera, una viña y un olivo. Tiempo después parece que se inició una costumbre de lanzar monedas al lago como ofrenda al "genio del agujero", al que llamaban Curcio.

Actualmente, lo que se cree que fue el lacus Curtius se encuentra efectivamente rellenado de tierra y piedras, disimulado bajo una de las pasarelas del recinto turístico. Quizá algún día se realice una excavación en el lugar y quién sabe lo que podrían encontrar.


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